Hacía veinte horas de vuelo que me mordía
El alma para no arruinar tantos momentos,
Me ruje el estómago, quiere saber que le hiciste,
Por qué a mis tristes ojos
no les molesta entrecruzarse un poco,
por qué mi cabeza no se preocupa
por dar tantas vueltas,
y sobretodo,
por qué a pesar de tanto, parece tan irreal
nuestra respiración
por qué… no importa.
Perdoname el miedo,
Es que nunca nadie me hizo volar tan alto,
Y desde acá arriba, me haces ver
Mis defectos tan chiquititos,
Que hasta puedo olvidarlos.