Amanece dos veces

Cada vez que corro, amanece tarde

porque el paso al despertar recarga al sol con algo de sueño extra.

Cada vez que mis ojos se pierden entre mis pies

el siguiente paso me admite la calma de llegar, para que pueda alzar la vista.

Cada vez que suena la próxima canción,

suspira la locura de parar, adormeciéndose, por otro par de notas.

Cada vez que el viento surca mi pelo

mi alma se despega, en una pequeña cita con el fígaro,

con la paz, rebanando bien cortito, los malos pensamientos

y los horribles deseos.

Cada vez que mis pulmones relinchan, fingiendo limites

la imaginación me destella una posible verdad, que más

se almacena sola, con el resto hasta otro momento,

cual tranquilizante para los barones del aire, que tejen en contra de mi ritmo.

Cada vez que mis manos se tensan ante el último aliento,

aprisionando el soplo que me recorre desde antes que la luz en el horizonte,

guarnece un momento de tranquilidad, un recuerdo para el corazón,

una señal, de que estamos vivos, otra vez.

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