Guanaquín

Cuentan ciertas voces que en lo alto de la gran Aconcagua, sobrepasando los cuatro kilómetros de altura puedes llegar a toparte con un curioso guanaco de pelo lacio. Sin nombre ni explicación, dicen que el cuadrúpedo de bellos cabellos está bendecido con toda la sabiduría del país y que es capaz de responder a cualquier duda que pueda presentársele.

Una fresca mañana el sabio animal masticaba nieve, mirando al horizonte cuando un muchacho afligido por el esfuerzo se presentó ante él.

—Por favor, decime que sos vos. Es el decimoquinto guanaco en esta mañana. Ey, ¿Te han dicho que tenés un pelaje hermoso?

—Sí. —Contestó el animal, sin parar de masticar.

—¿Puedo hacerte una pregunta entonces guanaquín?

—¿Cómo me llamaste?

El chico sacó su celular y le mostró el chat con su exnovia.

—¿Viajaste hasta acá para consultarme por tu ex?

—Y si vos vivís acá, con tanta sabiduría encima de una montaña de más de cuatro kilómetros de alto. Ahora decime, ¿Quién tiene razón?

—La sabiduría requiere su esfuerzo niño.

—Que sabiduría más estúpida. Podrías ayudar a miles si bajaras de acá.

—Ash, realmente eres imbécil. Encima no podes ni darte cuenta que tu ex tiene razón.

—¿Quién es más imbécil, si no el que no quiere darse cuenta de las cosas?

El chico dio media vuelta frustrado y emprendió su descenso, habiéndose ganado el orgullo de ser el primero en lograr hacer pensar al sabio guanaco de la Aconcagua.

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