«…Che, al final esto de soltar lo que me molesta en forma de textos me está gustando al final…»
—un pequeño yo, arrancando a escribir con un pequeño BlackBerry.
Como a breve resumen: sábado de traiciones, es 30 de mayo, no conocí lo que pudo ser el 25 de mayo del 2020, la salida transitoria pasó de ser un lujo a menos que un placer, ante la renovación de su hermana, la salida permitida para ejercitar (O sea, la transitoria, pero con bigote transpirado) que es igual, pero sin los 500 metros de limite.
Ajá, es sábado y recaí en una traición de mi yo del pasado. Se ve que no estuve figurando, a lo largo de este año en los resultados de google, (Al menos el blog, que es lo que menos publicidad tiene) y quieras que no, yo pienso que es una gran diferencia, por más pequeño que siga siendo, digo, todo sirve ¿o no? Sí, seguro que sí.
Cuestión, investigando, vía WordPress que es donde estaba alojado (ahora está en ambos, en blogger también), se podía solucionar con algo tan simple como configurar un Plugin, que se encargaba de arreglar todo esto. Pero, ¿qué pasa? La vida es peor que una novela, y tiene más nudos que una casa sin cierres, WordPress te pide plata para permitirte un plugin. A partir de los 8 dólares (u 4, no sé) Que hoy en día en mi bello país son unos… 1000 pesos argentinos (u 500) mensuales.
Y vos dirás: «bueno, ¿Qué te cuesta?, es para algo que te gusta, ¿O no?» Y yo querido te digo que sí, amo esto, pero no tengo laburo. Y apenas concibo plata para mantener el seguro de mi moto anualmente y unos cuantos talleres acá y allá. —Viste que, si haces la cuarentena, nada más queda buscar laburo por la pantallita loca esta y te digo: los únicos servicios de búsqueda de empleo via virtual funcan bien en Buenos Aires, Santa fe y Misiones por tirar algunas (Intuyo yo, ojo), y yo soy de Entre Ríos—. ¿Qué era lo mejor? Pasarme donde sé que no me cuesta, o sea blogger. Y punto.
No me iba a proponer, obviamente tirar WordPress por la ventana, vi que lo mejor era exportar el blog, pasando las entradas de un lado para el otro. Así que bueno, descargue el archivito desde WordPress, todo bonito bien liviano el archivito, pongo «Importar» en mi página de blogger y bueno, me saluda un cartelito: «Escribiendo entradas y páginas, esperá a que termine» o algo parecido, con un circulito girando, la típica espera.
Entonces me acomodo en mi silla, miro el circulito girando un rato, estiro unos cuantos músculos, pongo música, pero prefiero prepararme unos mates. Pongo la pava arriba de la hornalla, y cada tanto espío como si la página pudiera pararse para molestarme mientras no la estoy mirando. Bueno, lo termino de preparar y me quedo mirando otro rato el arito de la espera.
Pasa un tema, pasa el otro, y otro, otro…
—Podría leer un rato ya que estoy —me dije, viendo que recién eran las 4pm, aprovechando que centrar todo el wifi en esa importación era lo más conveniente.
[…Tita preparaba cada año como ofrenda a la libertad que su hermana había alcanzado y ponía especial esmero en el decorado de las codornices…]
Cebé un primer mate, mirando de reojo la segunda espera, eran las cuatro de la tarde y no tenía mensajes tuyos. Capaz querías verme como Tita, sufriendo un amor no «deseado» como el de su cuñado, pero esa novela pasa como en el 1930, y estamos en el 2020 che. Sé bien que no me cuesta nada dejarte un mensaje, pero hasta las plantas saben causar interés para que las cuiden. Seguí leyendo, en mi mudez negada.
[…estas se ponen en un platón, se les vacía la salsa encima y se decoran con una rosa completa en el centro y pétalos a los lados…]
Cebé otro mate ya molesto por seguir viendo la pantalla del teléfono, negruzca y quieta,
—Pero a ver, ¿Qué te cuesto en todo esto? —Me dije, hablandolé a nadie.
¿Qué soy yo en esta cuarentena?
¿Estoy para ser ese pilar que está después del de
Familiares sanos,
Amistades cuidadas,
Trabajo mantenido,
Perros paseados,
Ejercicio hecho de mala gana,
Y después yo?,
Me muerdo de pensar en cómo me habrás puesto
Falo descompuesto, por si me acuesto y no me duermo
O capaz algo más acorde al juguete que nunca se anima a comprar nadie,
Por miedo a decir que se masturba,
¿Que soy en tu cuarentena?
Un mensajito pícaro que se olvida a las horas,
Un me animé a ser picante, pero al salir de casa me baño en agua fría,
Quedándome sin ganas.
Capaz busqué un aburrimiento en otra persona interesante,
Encontré piedritas en un corazón que no conocía
Y las dibujé como piedras perfectas:
«el amor, ay el amor que destila en sus mensajitos,
Sus cariñitos con sus filos matados
Y su barniz en tonos café, ¡No, da más de linda!»
Pero las horas pasan, las excusas se esparcen
Invisiblemente por todo el chat cual virus,
porque no se le puede poner barbijo al whatsapp
y cuando llega la hora…
«ay, perdóname. No sé cómo pasó, yo sé
Que me vas a querer matar, pero lo tenía anotado
Acá en una notita, en la heladera, pero se habrá
Volado y la perdí de vista… pero recién me acuerdo,
Que estaba sola y aburrida, nada más
Estuviste en el momento y sitio indicado,
Para mí.»
—Obviamente, no todos tienen el coraje de admitir
Que sea voluntariamente o no,
Juegan a ser los picantes y son más tibios que un litro de leche.
Qué magia la renovación del chamuyo del teclado,
Que bomba para los vivos…
Que desgracia para los corazones torpes…
Claramente no escribí todo esto en el momento. Pero si lo pensé mientras leía, como si fuera una aplicación abierta tras vestidores, anotando los versos con ira, que luego leería con calma. Como sea, las paginas iban pasando y el circulito seguía girando; los mates iban cayendo y la exportación acababa nunca.
El ciclo interminable, como los estados de la materia, los ciclos del día, una cantidad de vueltas interminables, como hace semanas estaba dando:
Saludos todos los días, corazoncitos, propuesta, excusa, silencio que parece eterno… al cabo de los días un saludo fortuito. Para volver a saludarnos todos los días, corazoncitos, propuesta y… hoy es sábado.
Hoy es sábado, los bares vuelven a abrirse, los hoteles, podemos salir a correr. Hoy es sábados y la excusa de la cuarentena yace en una esquinita, moribunda. Está a nada de desfallecerse.
Hoy es sábado y el silencio de mi pantalla acabó de matarme.
No pude seguir leyendo, los versos empezaron a sonar tan fuerte que se me trastabillaba la lectura. Decidí bañarme para bajarme los humos de la cabeza, encima es un día gris y me carcomía el temor de no salir esa hora por miedo a resfriarme y no poder grabar otro poema recitado.
El vapor de la ducha inundaba mis ojos resecos, empañaba los azulejos de las paredes y del piso y no se les caía ninguna excusa.
Mientras me vestía devuelta se me vinieron a la mente esas veces que siempre sostenía la toalla para contestarte algún mensaje, con unas risas al menos. Y hoy estaba tan mudo el teléfono.
Cuando salí del baño todavía escupía vapor por mis poros, encaré a la pantalla de la computadora y todavía estaba ahí, el circulito girando. Había pasado cinco horas girando sin hacer más nada.
Había pasado cinco horas tratando de leer, dándole vueltas a una pantalla negra.
Había pasado tanto tiempo dando infinidades de vueltas.
Y vos ya te habías bajado de la calesita.
Cancelé la exportación, borré los mensajes y me puse a escribir.
«…Che, al final esto de agregarle ficción a mi vida ayuda a soltar lo que me enturbia el alma… …me encanta.»
—Yo hoy en día, escribiendo con tinta, sobre el papel.
Sepan disculpar los errores de mi descargo,
Sean felices, Aaron Konrat.