El imberbe

Mis ojos descendiendo por la pendiente de la locura humana
en un mundo tan culto, a la vez que superfluo.

Me llora el alma, desahuciada entre tanto agotamiento,
entre tanta guerra, pena y deshonra entre hermanos,
siendo todos iguales, siendo todos tan necesarios.
Cansado por tantos ojos cerrados en la eternidad,
sin justificación alguna (más que por la plata negra).
Cansado por las escuelas cerradas,
y por las que son tomadas por intereses egoístas.
Cansado del falso profeta unitario.
Cansado de tantos vistiendo el «Buena persona»
sin el más mínimo
interés en integrar el «Buenas».

Que alguien me preste un libro; por hoy sobrepasé
mi ansioso limite, y todo este sobrante
precisa de un colador tan hermoso
a la vez que humano.

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