Intitulado

Le ruego al corazón
que pare de chocarnos malamorosamente,
sufriéndonos peor que los ciegos,
sin luz, ni sombra
ni pitidos que lo guíen.

Todos en familia le lloramos a
nuestro órgano glotón
que solo devora, engulle y se atraganta
con metas dificultosas y anhelos imposibles,
mientras que con la vida
comenzamos a vernos con un poco de gracia,
al quedarnos sin ideas que puedan nutrirlo
y que por fin adelgace, estas malditas costumbres.

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