Neblina

Madrugada gris de recuerdos vivos, porque son lo único que me queda. No me lo pienso mucho y camino despacio. Apenas veo más allá de dos metros y las luces me confunden. La ancha tela de neblina me propone un camino sinuoso y sin pistas, ¿Cómo es que llegué a esto? A apostar por caballos ciegos que no caminan.

Si no está todo no puede haber nada.

Si ellos no te ven no te movés, y así, te plantás y te empieza a consumir la neblina, ¿Cómo era que llegué a esto? Si mis recuerdos no están pintados con los mismos colores, no están como los recuerdo, creo que me perdí de algo. Algunas luces empiezan a moverse y se achican, ¿O será que con el estanco uno se pone corto de vista, y con ello llega la ceguera? Si ellos no me ven no me muevo, ¿Será que aprendieron a caminar sin mirarme? Es imposible, yo era el centro.

Se viene la tormenta y la neblina no tiene pinta de querer irse, a todo esto, empiezan a dolerme las piernas ¿Lo recuerdo o sigo para dejarlo? Me parece estúpido apostar por un camino invisible, pero mirá, las luces ya ni se distinguen y la neblina debería disiparse en algún momento. O me planto hasta caer sobre mis entumecidos músculos o sigo para ver que otras luces hay.

Mirando en mi mochila antes de todo descubro un alma medio vacía, creo que es hora de reabastecer mis recuerdos. Empecemos con arrancar las raíces que tanto me duelen.

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